2. abr., 2015

Texto

SOCIABILIDAD SEXUAL Y EVOLUCIÓN HUMANA.
Segundo capítulo: Tallas, complexiones y hábitat (I Parte).
Aunque ciertas águilas y serpientes matan monos de forma habitual, son los leopardos y algunas otras fieras los principales factores de contol de las poblaciones en homínidos, hilobátidos y cercopitécidos, y es la interacción con estos depredadores lo que ha marcado nuestra evolución y la del resto de las especies de dichas tres familias. Los monos de menos de diez kilos se mueven con extrema soltura por las copas de los árboles: Son capaces de subir y avanzar rápidamente, dar giros bruscos sin perder velocidad, y dejarse caer desde gran altura para irse frenando contra las ramas de forma controlada y segura. En ésas los leopardos sólo pueden alcanzar a individuos de facultades mermadas; viejos, enfermos, lesionados, o cachorros desatendidos; y las poblaciones resultan plenamente viables y sostenibles.
Hay tres modalidades generales de locomoción en monos pequeños, cuando se mueven por las copas de los árboles: La trepa, para ganar altura, es común a todas las especies, y para avanzar a nivel o descender están la marcha a cuatro patas; también utilizada para desplazarse por el suelo; y el balanceo, colgando de los brazos, o braquiación. Esta última es utilizada en menor o mayor medida por todas las especies y suele combinarse con la marcha cuatrúpeda, excepto en gibones, cuya extrema especialización braquiadora les impide moverse a cuatro patas con soltura y les obliga a caminar erguidos y sin tocar el suelo con las manos, como nosotros, aunque sus piernas y caderas no estén configuradas al efecto y les resulte bastante incómodo... Hay pocos espectáculos tan sorprendentes e impresionantes como el que suele dar un gibón de cualquiera de las especies pequeñas a escape por el techo de la selva: Ningún mono cuatrúpedo podría igualarle en lo que a velocidad e imprevisibilidad de trayectoria se refiere... Esto tiene efecto directo sobre los patrones de sociabilidad que resultan viables en cada caso: A los monos pequeños de a cuatro patas todavía les renta la fuerza del grupo, y no sólo por lo que se refiere a la colaboración en tareas de vigilancia y a la hora de dar la alarma, también por el efecto confusional que es capaz de crear una nube de monillos endiablados moviéndose en todas las direcciones posibles y chillando a todo volumen. En cambio los gibones han podido adoptar una sociabilidad minimalista sin poner por ello en peligro la viabilidad de sus poblaciones.

Pues que resulta que escarbando por aquí y por allá voy y me encuentro con un dato nuevo, poco disponible en gües en español: Los gibones gigantes; del género Synphalangus; forman habitualmente familias poliándricas; es decir, de una sola hembra con varios machos; y se estructuran así alrededor de la mitad de los grupos estudiados. Así que si alguna hunana moderna se ve reflejada, palante sin complejos... Lo integraré en el primer capítulo cuando haga la refundición correspondiente. 

 

Segundo capítulo: Talla, complexión... (II Parte)
Aunque han llevado al extremo la especialización braquiadora, los gibones gigantes del género Syphalangus pesan más de diez kilos y no pueden hacer tantas monerías como sus primos pequeños, el resto de los gibones, a la hora de desplazarse por los árboles. Tienen también cierta tendencia a vivir en los bosques secundarios y junglas que, desgraciadamente, ocupan cada vez más extensión en el Sudeste Asiático sustituyendo a las selvas maduras que la gente destruye. Las limitaciones de movilidad que les impone su mayor tamaño y la ocupación de hábitats menos protectores les coloca, como a los monos pequeños de a cuatro patas, en una posición competitiva en la que la fuerza de la masa empieza reportar ventajas, entrando ya en el terreno del contraataque activo. Así es como los grupos familiares de gibones gigantes que cuentan con más de dos componentes adultos, resultan más viables, más competitivos y se ven seleccionados. Al parecer ya existe cierta tendencia en todas las especies de gibones a que los machos se toleren más entre sí que las hembras, de forma que un grupo familiar con varios machos y una sola hembra tiene más estabilidad, y niveles más bajos de conflictividad y competitividad interna que en caso contrario, y la estructura poliándrica se ve favorecida y reforzada: Alrededor de la mitad de los grupos de gibones gigantes cuentan con dos o más machos adultos. También se ha comunicado que, al menos en ciertos casos, algunos de estos machos extra son hijos de la pareja original que nunca llegaron a emanciparse. Se establece así un paralelismo con las bandas de chimpancés y bonobos, referido a la relación padre-hijo, sobre el que tendremos que volver más adelante...
Dejando de lado toda una masa de monos pequeñujos de la familia cercopitécidos, a los que a lo sumo nos referiremos de forma general, la gran variedad de especies de macacos requieren atención especial por que; cuadrúpedos y con una masa corporal similar a la de Synphalangus; están en el nivel intermedio en el que incluso un macho adulto en plena forma tiene pocas posibilidades de sobrevivir al ataque de un leopardo. El grupo es para ellos fundamental, y suelen vivir en grandes bandas de estructura matrilineal. Mucho menos dotados para moverse por los árboles que los gibones, no están circunscritos a hábitats selváticos: También ocupan bosques abiertos, incluidos algunos de clima templado, junglas, sabanas y zonas esteparias más o menos pedregosas.
Se dice que muchos machos de mandril y de papión mueren tras un combate individual y victorioso contra un leopardo, en el que este último puede acabar literalmente destrozado: Antes de sucumbir, el gato suele acertar a rasgarles el vientre, y en condiciones naturales una peritonitis es casi siempre letal... Partiendo del equilibrio de fuerzas que da respecto al leopardo y a fieras de potencia similar un peso de alrededor de treinta kilos, papiones, geladas y mandriles obtienen ya ventaja competitiva incluso con una sociabilidad limitada, y son viables tanto estructuras de gran banda como otras basadas en familias poligínicas. La protección que en cada caso brinde el hábitat y la presencia o no de hienas y leones, resulta decisiva al respecto.