17. feb., 2015

Introducción

 Hoy en día asistimos a una medicalización de la salud en muchos aspectos. En la era industrial hemos pasado de una asistencia personal y domiciliaria a las grandes ciudades sanitarias y a la asistencia hospitalaria por cualquier patología por banal que sea bien sea ingresado/a en una planta o bien en los servicios de urgencias. El embarazo y el parto no han escapado a esta coyuntura, dándose el caso, además, de que no hablamos de enfermedades sino de procesos naturales que sólo precisan asistencia médica en caso de que surjan problemas. Pero hablemos un poco más sobre estos dos procesos naturales y sus peculiaridades en humanos.

 Una característica diferenciadora del embarazo y el parto humano es la posición bípeda. Este importante ventaja evolutiva tenía un precio y fueron precisamente el embarazo y el parto. La nueva pelvis, adaptada a la bípedestación dificultarían en adelante el embarazo pero, sobre todo, el parto incrementando se así la mortalidad materno fetal. La hembra humana es la única especie entre los mamíferos que precisa asistencia para el parto: al erguirse sobre las extremidades traseras el canal del parto ya no es recto sino que experimenta una angulación que determina la mayor dificultad para parir. Nace pues la figura de la partera, normalmente una figura femenina que se especializa en atender a la parturienta. Hasta el s. XVIII la mortalidad es alta pero con el advenimiento de las primeras técnicas obstétricas y el instrumental adecuado se salvan muchas vidas. No obstante, no es hasta bien entrado el s. XX que el descenso de la mortalidad materno infantil es ostensible gracias al seguimiento de la embarazada desde el principio lo cual permite detectar dificultades y anomalías siendo la incorporación de tecnología de guerra , la ultrasonografia, un punto de inflexión en la moderna Obstetricia.

A medida que avanzaba el siglo XX vemos como se extrema la atención médica al parto hasta el punto que en los modernos estados los sistemas de salud ingresan en el hospital todas las parturientas sin que se distinga entre partos de bajo y alto riesgo, aumenta de forma espectacular el número de cesáreas, llegando a la sofisticación tecnológica de la anestesia raquídea para conseguir un parto sin dolor. Este panorama deja en mínimos la mortalidad materno infantil, uno de los mayores logros de la Medicina moderna. A su vez el grado de intervención quirúrgica llega a sus máximos al someter a todas las parturientas a cortes y heridas quirúrgicas, suturas, y se robotiza el parto incidiendo en el proceso natural del primer contacto madre hijo al serle retirado éste nada más nacer. El frío y metálico entorno y la fría luz del quirófano sin familiares presentes se convierte en norma generalmente aceptada por la sociedad que acepta sacrificar la intimidad familiar y de la parturienta por la seguridad de madre y neonato.

 Con la tendencia actual a volver la mirada a otra medicina, aquella que nos relatan nuestras abuelas, natural, cercana, desprovista de la violencia fría y despersonalizada del hospital, son muchas las mujeres que buscan un embarazo y parto asistidos con más naturalidad. El riesgo es que el hito conseguido por la medicina moderna se pierda al ponerse estas mujeres en manos inexpertas o no profesionales.

Actualmente el tema no puede estar más candente... la figura de la "doula", rescatada de la Grecia Clásica, acompañante, consejera y asistente al parto vuelve a la actualidad en un encendido debate. El cuerpo profesional de Matronas rechaza la presencia de estas mujeres. Pero quizá lo que esto ha venido es a abrir un serio debate absolutamente necesario en el que el sistema público de salud habrá de repensarse a sí mismo para poder ofrecer una atención científica de calidad´pero sobre todo cercana e integral a la embarazada antes, durante y después del parto.